El sindicalismo chileno

trabajadores_salitreEl sindicalismo chileno, uno de los más poderosos y activos de América Latina, atraviesa una coyuntura a la vez compleja y preocupante. Mientras mantiene una importante fuerza en la negociación colectiva y cierto incremento en su afiliación, el ritmo de su crecimiento ha disminuido en los últimos años, lo que ha puesto en alerta a sus líderes.
Con una población total que supera los 16.3 millones de habitantes, Chile cuenta hoy con 6.9 millones de personas en edad laboral, de los cuales, el año pasado, 6,6 millones tuvieron una plaza laboral. La tasa de desempleo es del 8,4 por ciento: 6.9 % para los hombres y 9,5% para las mujeres.
En un documento publicado recientemente, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), expone que hasta comienzos de los años noventa la tasa de sindicalización en Chile mostró un constante incremento, pero a partir de 1994 ese mismo indicador ha venido a la baja. Según la OIT, la actual tasa de Sindicalización es de un 11% (12,9% hombres y 7,5% mujeres). Si se considera tanto los Sindicatos como las Asociaciones de Funcionarios del Sector Público, se llega a una tasa de organización de un 13,8% (15,0% para hombres y 11,6% de mujeres). Se debe recordar que en 1990, existía una tasa de sindicalización de un 13,4%, llegando en su mejor momento, en 1993, a un 15,5%.
La propia OIT expresó en el documento que “esta tendencia se observaba con cierta preocupación, dado que tanto sindicatos como asociaciones de empleadores fuertes y representativos juegan un rol esencial en un diálogo social franco y constructivo que ayude a encontrar soluciones a los desafíos laborales”.
Las cifras indican irrebatiblemente esa tendencia: la negociación colectiva, que en 1990 abarcó a 255.000 trabajadores, alcanzó en 2006 a sólo 197.000.

OPINION
De lo anterior podemos desprender que hoy en día las cifras de sindicalismo que observábamos hace 20 años atrás, están muy por debajo de poder superar, si los actores de este sindicalismo seguimos poniendo al centro de nuestro actuar los intereses personales y tomar el movimiento sindical como enclaves de poder para unos cuantos, poco podremos avanzar en reconstruir un movimiento que sea capaz de liderar formar de avanzar en nuevas y mejores conquistas. Algo hay que hacer, es la hora de sentarnos a pensar y definir que queremos de nuestro movimiento.
Lo más complejo que podría suceder en estos momentos de una virtual derrota de conquistas y avances, sería que nuestras organizaciones, estuvieses comprometidas con asuntos de corrupción, esto pondría el elemento que terminaría por enterrar este movimiento que tiene sobre los 100 años de luchas y que muchos a lo largo de su historia han perdido la vida, encarcelados y desaparecidos.
Por otra parte, cualquier cifra, antecedentes, estadísticas, no mejoraran si tampoco hay un compromiso de los propios trabajadores en cambiar el ritmo de las organizaciones, en empoderarse de la conducción de las organizaciones, ser partícipes de ellas, controlar a sus dirigentes, delegados y en definitiva sentirse parte integrante de sus organizaciones. El llamado esta echo, participar, participar y participar.

ANTECEDENTES HISTORICOS
Luis_Emilio_Recabarren_500Al comenzar el siglo XX los trabajadores chilenos no tenían ningún tipo de legislación social o laboral que los favoreciera o les brindara protección. Fueron ellos mismos, a través de las mutuales, las sociedades de resistencia y las mancomunales, quienes se organizaron para proteger a sus asociados y fomentar la solidaridad proletaria.La Federación Obrera de Chile (FOCH) comenzó como una agrupación de obreros de ferrocarriles con una orientación mutualista ligada al Partido Demócrata. A mediados de la década de 1910, comenzaron a integrarse los trabajadores de salitre y adquirió un carácter nacional. Asimismo, el Partido Demócrata perdió influencia al imponerse en la organización las ideas revolucionarias del Partido Obrero Socialista liderado por Luis Emilio Recabarren, convertido después en el Partido Comunista, asumiendo la Federación una actitud anticapitalista y revolucionaria que se manifestó con fuerza en las movilizaciones sociales que caracterizaron la década de 1920.
Sin embargo, la promulgación de las leyes sociales y el Código del Trabajo, entre 1925 y 1931, cambió radicalmente la conformación del movimiento obrero y las organizaciones de trabajadores. A partir de entonces los sindicatos y sus federaciones se debatieron entre asumir la nueva legislación y someterse a sus reglas, como fue el caso de los obreros y empleados del sector estatal y las grandes empresas, o continuar con el discurso clasista y revolucionario. La dirección del movimiento obrero que adhirió esta última línea, se dividió entre tres grandes organizaciones: la FOCH ligada al Partido Comunista, la CGT (Confederación Nacional de Trabajadores), de inspiración anarquista, y la CNS (Confederación Nacional de Sindicatos), de origen socialista.
En 1934, la violenta represión del gobierno de Arturo Alessandri a una huelga ferroviaria de carácter nacional, tuvo como reacción la unidad de las distintas organizaciones que agrupaban a los trabajadores. De este modo, el Comando Único que se gestó en la huelga se transformó en un Frente de Unidad Sindical, que organizó un Congreso de Unidad Sindical en diciembre de 1936, surgiendo la Confederación de Trabajadores de Chile (CTCH).
La fuerza que adquirió la nueva organización de trabajadores les permitió formar parte de la alianza política que apoyó a la candidatura del radical Pedro Aguirre Cerda en la elección presidencial de 1938. El triunfo del Frente Popular facilitó a la CTCH una vinculación directa con el nuevo gobierno, lo cual, aún cuando le permitió crecer como organización, sería posteriormente la causa de su división y pérdida de protagonismo.
Efectivamente, a fines de la década de 1940, el movimiento obrero, que estuvo fuertemente ligado al Partido Comunista a través de la Confederación de Trabajadores de Chile, fue fuertemente reprimido y debilitado por el gobierno de Gabriel González Videla al promulgar la Ley de Defensa de la Democracia o «Ley Maldita». En consecuencia la conducción del movimiento de trabajadores fue asumido por las organizaciones de empleados, especialmente del sector público, los que a través del liderazgo de Clotario Blest lograron organizar una nueva confederación de trabajadores en 1953: la Central Unica de Trabajadores (CUT).

Osvaldo Cortés M.

Fuente:

TuSalario.org/Chile. Breve historia del sindicalismo chileno. Contexto legal.

 

 

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